lunes 18 de octubre de 2010

http://books.google.com/books?id=K9z5HonQ5rUC&lpg=PP1&ots=D9XYm9MTpJ&dq=escritora%20laura%20vizcay&hl=es&pg=PP1#v=twopage&q&f=false

1 comentarios:

  1. Comentario de Patricia Severín sobre
    "La sospecha" libro de Laura Vizcay

    Escritura sutil, sobre la impunidad y el amor.

    Es domingo. Una mujer observa a una paloma por la ventana de su cocina, mientras espera a un hombre que no llega. Ese hombre es el Toro; esta implicado en el crimen de su amante, y fue protagonista -desde el lugar de los subversivos-, de historias que no fueron develadas –aún-, de los años de la última dictadura militar en la Argentina. Esta mujer ama a ese hombre, pero él no lo sabe. Mientras lo espera, recuerda. Recuerda para escribir, pues es una narradora mediocre que escribe novelas por encargo, para un desconocido editor francés. ¿Esta empeñada en que el Toro le confiese la verdad sobre el crimen de su amante, sobre los otros crímenes de pasados años, o la cita del domingo es sólo una excusa para verlo nuevamente, para saber de su vida, para dejarse conquistar? Las cuestiones y las personas, se confunden en el recuerdo de la mujer que espera, en una argamasa desteñida por los años, las mentiras, los juegos de poder, las ambiciones personales y las grupales. La memoria filtra cosas turbias y les da otro matiz. La memoria es engañosa –tanto como los personas, piensa- y, a veces, justifica injustificables.
    Mientras observa como la paloma hace su nido, la protagonista discute por teléfono con su madre o con el editor francés, guarda y saca los langostinos –motivo de una comida romántica y frustrada-, varias veces de la heladera; y no termina de admitir que ha vivido enamorada de esa figura mítica y controvertida, ese personaje, el Toro, traicionero, escurridizo, descalificador, mentiroso, seductor empedernido y, probablemente, asesino.
    En la novela de Vizcay, torturados y torturadores, se encuentran y se reconocen en la escalinata de la Legislatura o en la calle, con total impunidad; y, otras veces, se buscan sin encontrarse, y no siempre se castiga a los culpables. Como dice el desconocido editor francés, “Los asesinos de ustedes no van a la cárcel. Siempre se salvan. Eso son los finales que me gustan”

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